La suerte está echada (2005) Reseña: una comedia argentina sobre el destino y la familia

La suerte está echada (2005) Reseña: una comedia argentina sobre el destino y la familia


El cine argentino siempre ha sabido mezclar humor y reflexión, y La suerte está echada (2005), ópera prima de Sebastián Borensztein, es un claro ejemplo de cómo una historia aparentemente sencilla puede transformarse en un retrato entrañable de las relaciones familiares y las vueltas del destino.


En este artículo te contamos de qué trata la película, quiénes la protagonizan y por qué vale la pena revisitarla hoy, casi dos décadas después de su estreno.


La suerte está echada - película argentina 2005

La trama sigue a dos medio hermanos muy distintos: Felipe (Marcelo Mazzarello), un actor frustrado que nunca logró despegar, y Guillermo (Gastón Pauls), un hombre meticuloso y estructurado, obsesionado con controlar cada aspecto de su vida.


Cuando su padre (interpretado por Enrique Liporace) sufre un problema de salud, ambos se ven obligados a reencontrarse y convivir. Este choque de personalidades desencadena una serie de situaciones tragicómicas que ponen en evidencia la fragilidad de sus vínculos, la manera en que enfrentan los fracasos y la eterna pregunta de cuánto control tenemos realmente sobre nuestro destino.


Un humor con sello argentino


La suerte está echada no apuesta por la carcajada fácil, sino por un humor más cercano a la ironía y lo cotidiano. Borensztein construye escenas en las que el absurdo convive con la ternura, mostrando cómo incluso en los momentos más difíciles la vida puede tener un costado cómico.



El guion combina frases ingeniosas con silencios incómodos que potencian el contraste entre ambos hermanos. La película invita a identificarse con alguno de ellos: ¿somos los que intentan tener todo bajo control, o los que confían en que la suerte decidirá por nosotros?


Actuaciones que sostienen la historia


Gastón Pauls aporta la rigidez y seriedad necesarias para encarnar a Guillermo, un personaje atrapado en la obsesión por el orden.

Marcelo Mazzarello, en cambio, brilla como Felipe, con un registro más descontracturado y vulnerable.

Enrique Liporace y un elenco secundario sólido completan un reparto equilibrado que da verosimilitud a cada situación.

La química entre Pauls y Mazzarello es clave: logran transmitir tanto el fastidio de los roces familiares como la complicidad que surge en los momentos inesperados.


Temas que trascienden el tiempo


Más allá de su tono de comedia, La suerte está echada habla de la familia, la frustración personal, el azar y la reconciliación. La película plantea, sin solemnidad, cómo los vínculos se ponen a prueba cuando la vida nos obliga a tomar decisiones importantes.


Su mirada sobre la fragilidad del éxito y el miedo al fracaso sigue siendo actual en un mundo donde el reconocimiento y la estabilidad parecen cada vez más efímeros.


Conclusión: ¿vale la pena verla hoy?


Definitivamente sí. La suerte está echada es una de esas películas argentinas que, sin pretender ser un gran tanque comercial, deja huella por su sensibilidad y su humor honesto. Es ideal para quienes disfrutan de las comedias dramáticas que equilibran emoción y risa, y para quienes buscan cine nacional con identidad propia.

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